De los documentos de un sitio religioso, acá, tomé la siguiente cita de San Bernardo, que describe nuestras dificultades cotidianas como:
"cargadas de pecado
agravadas por nuestro cuerpo mortal
sumergidas en preocupaciones mundanas
embriagadas de deseos carnales
ciegas, deformadas, enfermas
enredadas en un complejo de errores
indefensas ante mil peligros
espantadas por mil temores
perplejas ante mil dificultades
sujetas a mil incertidumbres
y aplastadas por mil exigencias."
Así las cosas, San Bernardo nos ve sin fuerzas suficientes de parte nuestra; queda sin palabras ante el triste destino humano, si no viniera ayudado por la misericordia divina.
Pero precisamente toda esa precariedad cargada de dificultades nos estimula a orar.
Por lo menos tendría que suscitar en nosotros el deseo de orar, ya que es ésa, realmente, la respuesta que Dios espera de nosotros, por una necesidad que Él explicó claramente: «Sin mí no podéis hacer nada».
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